La "Mala Racha" de Haaland pone en JAQUE al Manchester City de Guardiola

El Manchester City vive un momento incómodo, poco habitual en el ciclo de Pep Guardiola. El equipo inglés ha perdido solidez, confianza y, sobre todo, capacidad para resolver partidos cuando Erling Haaland no aparece. La caída del rendimiento colectivo coincide de forma directa con el menor impacto goleador del delantero noruego, una relación que empieza a preocupar seriamente dentro y fuera del club.

El inicio de 2026 ha sido un golpe duro para los ‘citizens’. Dos derrotas consecutivas —ante el Manchester United y frente al Bodo/Glimt— han frenado cualquier intento de recuperación y han expuesto un problema que venía gestándose desde hace semanas: el City se ha vuelto previsible y excesivamente dependiente de su referencia ofensiva. Cuando Haaland no marca, al equipo le cuesta encontrar soluciones alternativas.

Los números refuerzan esa sensación. En los siete encuentros disputados en lo que va del año, el conjunto de Guardiola solo ha logrado imponerse en dos ocasiones. Más allá de los resultados, lo que inquieta es la falta de contundencia ofensiva. El City genera menos ocasiones claras y ha perdido esa capacidad de asfixiar a los rivales que lo caracterizaba. Haaland, por su parte, solo ha podido celebrar un gol en este tramo, una cifra muy por debajo de los estándares que él mismo ha establecido.

Este frenazo contrasta de manera radical con lo vivido meses atrás. El noruego firmó uno de los arranques de temporada más espectaculares de su carrera, encadenando partidos con goles de forma casi automática. Durante varias semanas fue imparable, acumulando cifras que lo colocaron como el gran favorito a dominar el panorama goleador en Europa. Sin embargo, esa versión demoledora se ha ido diluyendo y el City lo ha notado de inmediato.

A pesar de ello, Haaland sigue sosteniendo números globales de élite. Sus 26 goles en la temporada mantienen al delantero en la pelea por la Bota de Oro, aunque ahora con una competencia más ajustada que nunca. Harry Kane y Kylian Mbappé presionan desde atrás, aprovechando el bajón del noruego para recortar distancias en la clasificación de goleadores. El margen de error, ahora, es mínimo.

El problema para Guardiola es que la dependencia del gol de Haaland deja al descubierto otras carencias del equipo. El City ya no encuentra tanta producción ofensiva desde la segunda línea y las variantes tácticas parecen haberse reducido. La circulación sigue siendo fluida, pero carece de profundidad y sorpresa, lo que facilita el trabajo defensivo de los rivales.

A todo esto se suma un aspecto aún más preocupante: la fragilidad defensiva. El Manchester City está concediendo más ocasiones de las habituales y ha perdido contundencia en momentos clave de los partidos. La última línea, castigada por las lesiones, ha tenido que reconfigurarse constantemente, afectando la estabilidad del sistema. La ausencia de futbolistas clave como Stones, Rúben Dias y, especialmente, Josko Gvardiol ha debilitado una defensa que antes era garantía.

En este contexto, el rendimiento de Gianluigi Donnarumma ha sido uno de los pocos puntos positivos. El portero italiano ha evitado que la situación sea todavía más grave, sosteniendo al equipo en varios tramos con intervenciones decisivas. Sin su aporte, el impacto de la crisis sería mucho más evidente en la tabla y en los marcadores.

Guardiola se enfrenta ahora a uno de los desafíos más complejos de su etapa en Inglaterra: reinventar a su equipo sin perder competitividad mientras espera recuperar la mejor versión de Haaland. El City necesita reencontrarse con su identidad, diversificar sus recursos ofensivos y reconstruir su solidez defensiva. De lo contrario, la temporada corre el riesgo de convertirse en una lucha constante contra sus propias limitaciones.

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